Esta historia solo la vivimos mi hermano Andrés y yo. El resto solo aprovechó a reírse.
En el verano de 2002 junto con la gente de teatro de la Alianza Francesa fuimos invitados a participar en el Encuentro de Teatro que se llevaría a cabo en Santiago de Chile. Con parte del grupo estábamos interpretando hacía un tiempo “El Hincha”, una adaptación del director del grupo, Rubén Clavenzani, y mía, de un corto de Flavio Nardini (Tiempo de descuento).
Entre varias complicaciones una cosa que nos faltaba era alguien que hiciera el sonido de la obra ya que tenía varias pistas en vivo sobre un relato de fútbol que sonaba de fondo y debían ser precisas las subidas de volumen.
Como Andy estaba libre ese verano lo invitamos a participar del encuentro y hacernos de sonidista.
Allí fuimos. Verán algunas fotos de la presentación.
El viaje fue laaaaaaargo y en micro, llevando vestuario, decorados y demás. La pasamos muy bien y las obras que vimos estuvieron buenas.
El temita surgió al regresar. También fue un viaje llaaaaaaaaaaaargo, trayendo todo lo que habíamos llevado más algunos recuerditos.
Llegados a Paraná, dejamos todos los decorados y demás en la Alianza Francesa en calle Andrés Pazos y San Juan, y emprendimos el regreso con un cansancio enorme luego de 1000 horas de viaje, las mochilas al hombro, los pantalones sucios y los pelos largos.
Estando ya casi media cuadra de la puerta del edificio de Urquiza y Córdoba, donde estábamos parando, vemos llegar un patrullero y una moto de la policía, detenerse a nuestro lado y bajar raudos dos policías del móvil, mientras el motociclista esperaba con la moto en marcha. De inmediato nos pidieron los documentos.
Parece que ciertas personas de los locales de la peatonal nos vieron pasear por ella y por nuestra pinta nos transformamos de inmediato en sospechosos.
Para darle mi documento tenía que abrir la mochila en la que no solo llevaba parte del vestuario, sino también un arma de juguete que utilizaba en la obra. La cara del cana cuando miró el interior de la mochila fue de película. De inmediato hubo que aclararle que veníamos de Chile de actuar en un encuentro y que el arma era parte de mi utiliería (además era muuuy obvio, con solo verla, uno se daba cuenta que era de juguete). Le aclaré además que vivíamos a menos de 50 metros y que lo único que queríamos era llegar luego de tanto viaje.
Nos tuvieron en la vereda esperando averiguar nuestros antecedentes poco más de media hora bajo a atenta mirada del portero del edificio de ”La Romi” que no fue capaz de acercarse y decir que nos conocía. Es más creo que los muchachos de la carnicería y verdulería de la esquina no entendían nada…pero tampoco se preocuparon en averiguarlo.
Luego de terminar de “averiguar nuestros inexistentes antecedentes” nos dejaron caminar los 50 metros faltantes y pudimos regresar al hogar dulce hogar.
PABLO

3 comentarios:
ja ja ja, muy buena, ya me había olvidado de esa que te paso. Después me puse a pensar y que boludos los canas como no te reconocieron Peruggia.
fisurreta vizcacha
Espectacular tus relatos, nosotros estamos en casa, con Vane y mis viejos y compartimos los excelentes recuerdos que muy bien plasmaste. La verdad que nos reimos muchisimo con los viejos tiempos. Gracias por recordarlos tan bien.
Abrazo para todos.
Fede
Que bueno Pablo el recordar !!
Tendré que patentar un inodoro de cristal.
Un gran abrazo para vos y tu querida familia, siempre están en el corazon.
LaTere..
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