jueves, 18 de diciembre de 2008


UNA MESA QUE HIZO LAS VECES DE CORRALITO

Debo reconocer que he estado un tanto vago para escribir. Creo que en general se relaciona con lo que leo, y los últimos libros no me han ayudado a tener ganas de llenar páginas con palabras.
Pero creí entender el pedido al ciberespacio que lanzó una gran amiga que pasa sus días y sus noches claro está, en Canadá.

Aquí va especialmente para ella este relato. Un nuevo recuerdo de los viejos buenos tiempos.

Ya hemos recordado en relatos anteriores a casi todos los hermosos personajes de la familia Baquela. Creo, si mal no recuerdo, que aún no he dedicado una página a uno de los personajes más entrañable, más raro, más loco, más Saporitezco que hemos tratado. El conocido como “Seguel”. Cristian Seguel. Primo de los chicos Baquela.

Largas noches nos hemos pasado escuchando sus anécdotas o deleitándonos con el dúo Seguel (en la voz) – Coloso (en voz y guitarra). Siempre tenía algo para contar. Siempre le había ocurrido algo que sería imposible de creer si no fuera porque estábamos seguros que a una persona como él le podía ocurrir de todo.

Por esos tiempos Seguel vivía con el Tito y la Tere en Paraná, en la famosa casa de Pedo de Víbora.

Una noche se comenta que volvió muy, pero muy pasado de copas. Borrachísimo, mamadísimo, mamertísimo en el lenguaje común.

Al buscar las llaves para intentar entrar en la casa, hurgueteó por todos los bolsillos de su pantalón sin poder dar con ellas.

Suele suceder que cuando uno está borrachín, los pantalones en una maldita conspiración contra el mamao, multiplican los bolsillos para dificultar la tarea de encontrar las malditas llaves.

Cansado de no poder acertar con el bolsillo adecuado decidió tocar el timbre.
Quien salió a abrirle fue la Tere. Cuando lo vio entrar no podía creer, o tal vez sí, el sobrino que le había tocado en suerte.

Parece ser que no contento con la joda que ya había tenido decidió Seguel que aún le faltaban unos minutitos de diversión antes de caer rendido. Cuentan que sacó la tabla de una mesa y se metió dentro del rectángulo que formaban los travesaños que unían las 4 patas y comenzó a avanzar con ese “andador” por todo el comedor de la casa, cual niño con chochecito nuevo. También las malas lenguas indican que tan niño se sentía que se hizo pis encima dejando un gracioso charquito en el living.

Cansada de semejante espectáculo la Tere recordó que Seguel se había llevado las llaves y se las pidió así:

- ¿Cristian, donde pusiste las llaves?
- Se las llevó MARIO BROS.
- ¿Cómo que se las llevó MARIO BROS?. Pero Cristian ¿Quién es MARIO BROS?
- MARIO BROS se las llevó.

La Tere salió corriendo hacia la habitación, donde el Tito intentaba descansar, al grito de:

TITO, TITO DESPERTATE. CRISTIAN DICE QUE LAS LLAVES DE LA CASA SE LAS LLEVÓ MARIO BROS…TITO POR FAVOR…¿QUIÉN ES MARIO BROS???????????

Bueno amigos, intentaré no ponerme tan vago para escribir y ustedes intenten enviarme recuerdos así, como dice una amiga… como todo…”Se hace cuento”.

Saludos a tuti

2 comentarios:

Marina dijo...

Gracias por la historia y por acatar mi pedido.
La flia baquela tiene mas anecdotas q nadie!

Seguel dijo...

Hola hermano! Acá Seguel reportándose y cagándose de la risa, con esa pequeña vergüenza de decir, si si, era yo.
Es hermoso ver cómo las historias al ser contadas toman vida propia, y quizás no solo por quien las cuenta, sino también por quien la escucha.
Y entonces aquí estoy leyendo la fusión de dos historias, la del corralito del cual no podía salir y por eso caminaba con él, y la de Mario Bros.
Pero ya que aparezco como ese personaje al que describías agrego momentos a ésta kermes de historias de Paraná.
La vez que luego de la Gigapeña y de hacer de barman siempre mamado, decidí que era capaz de surfear sobre una barra de hielo sobre la cancha de básquet.
La vez que caí en caída libre esos 10 metros de profundidad del barranco del boliche parador, ya que me arrojaron los cuidacoches con los cuales me enfrente y aterricé sobre las podas arrojadas por la municipalidad.
O la vez que viviendo con Juan Ponce yo estaba teniendo una cita amorosa con Scottie Pipen, que es como le pusieron de apodo a ella los muchachos, y ella tenía una particularidad en su manera de gozar, era una frase popular;

"Hay que hijo de Puta"

"Hay que hijo de Puta"

"Sos un hijo de Puta"

Y yo, que solo la contemplaba cabalgar como una Diosa, aún con su parecido a Pipen, y que no me sentía estar haciendo la gran cosa para nada después de otro pedo de esos. Escucho a Juan Golpearme la Puerta e interrumpir por un segundo, la vez número 200 que Scottie decía:

"Hay que hijo de Puta"

Entonces le respondo:

Si?

Y Juan me dice: Cristian!

Y yo que me di cuenta que en esa acción apasionada de Scottie Pipen estaba ocupando no solo mí espacio sino el de todos los demás pregunte con humildad:

Qué Juancito?

Y él me respondió:

"No seas tan Hijo de Puta".